Un viaje de mil millas debe empezar con un paso. Lao Tsé

miércoles, 11 de enero de 2012

Navidades en el exterior

Tenemos Planeta nuevo

Nada mejor para olvidar nuestro pequeños problemas y el agobiante planeta azul que prestar atención a todas las noticias que nos ofrecen los medios de comunicación sobre los viajes a las galaxias, vidas en otros planetas y sobre los nuevos descubrimientos intergalácticos que nada aportan a nuestra vida diaria más que una pequeña esperanza que en algún lugar remoto existe un marciano más inteligente que la raza humana que vive en paz por allá lejos.

Hace pocos días se supo del descubrimiento de un planeta fuera de nuestro Sistema Solar completamente habitable, según lo informó la NASA quienes lo bautizaron como Kepler 22b . Un planeta nuevo que tiene su agua, su tierra y su todo. Uno nuevito pero que queda a 600 años luz. La cosa es que los gringos que estaban muy contentos con la noticia del nuevo Kepler 22b en los últimos días han perdido la emoción. Según ellos tendrían que irse varias familias en un cohete gordo, para que la gente se vaya reproduciendo dentro del proyectil mientras van enterrando a otros para que las futuras generaciones se sigan reproduciendo y así sucesivamente hasta algún día llegar al bendito planeta.

Nosotros los latinos nos quedamos en las mismas. Nuestro sistema de medición de distancia y el tiempo es completamente diferente que al de los gringos. Uno sabe cuando puede que salga (aproximadamente) pero no cuando llegue. Un gringo te dice Miami – Orlando 4 horas 12 minutos y esa gente llega a su hora. Uno se monta en un Aeroexpreso Ejecutivo Caracas – Barquisimeto y depende de los derrumbes, del número de paradas, si hay asaltos en el camino, que si alguien se deshidrató en el bus, que si un pasajero necesita que lo dejen en la carretera porque va para un caserío. En fin, nadie puede realmente saber el tiempo de viaje porque para nosotros emprender un viaje no es por horas sino por eventos.

Ahora mi pregunta es 600 años luz, eso es más o menos, ¿Cuánto tiempo es? ¿De Caracas a Pto. La Cruz en Carnaval? ¿El tiempo que a uno le toma subirse en el ferry para Margarita? ¿El tiempo que tarda en llegar el aceite a los supermercados? Para los latinos 600 años luz puede ser el tiempo que tome pintar el edificio donde uno vive, sacar un documento en Fiscalía, ir de un punto de la ciudad a otro. Por ejemplo, ¿Cuánto falta desde hoy hasta las próximas elecciones presidenciales en Venezuela? No parecieran unos 600 años luz. Kepler 22b, viéndolo bien, estás más cerca de lo que pareces. Señores, tenemos Planeta nuevo, allá vamos.

Cap #3 Skypeando

Bienvenida Navidad

Llegó la época de mayor jolgorio del año. Ya sacamos todas esas ropas que embutimos en ese closet hasta que baje el muy querido señor Pacheco. Las alcaldías comienzan a maquillar las urbanizaciones para la llegada de Niño Dios. A pesar de los cortes de luz se aprecia la iluminación extra en los balcones venezolanos para guiar a Santa en su camino hacia los hogares. Todo se convierte en un primor. La gente está más dispuesta a beber sin razón alguna de celebración, todos tenemos más dinero gracias a los aguinaldos y utilidades. Diciembre siempre pinta en nuestro inconciente colectivo como ese mes que quisiéramos perpetuar, es como ese fin de semana prolongado del cual no quisiéramos despertar.

Pero con la llegada de ese sentimiento “de sembrino” también llegan las alcabalas de la policía. En Venezuela no puede haber fecha más propicia para apostar alcabalas de pre-navidad, porque la fuerza protectora de los civiles están conscientes que todo venezolano de a pie cobró una platica para comprar su curda y, ellos que quieren unirse a la celebración, también quieren una tajada de ese sueldo doble.

El pasado diciembre salí a las 11am de mi casa. Me enrumbé hacia un centro comercial, donde haría varias diligencias, y de pronto divisé en la lejanía una alcabala con sus 2 efectivos a cada lado, su par de conos y una patrulla anunciando bajar la velocidad y comenzar a acomodarse dentro del auto, como que si uno a esa hora de la mañana necesitara esconder algo.

Inmediatamente, comienza el escaneo mental de los documentos que carga uno encima. En mente un diálogo interno avisa que no tengo los papeles del seguro que ahora se les ha dado por pedir. Llego frente al oficial con mi mejor sonrisa número 32 (estilo soy un guebón y tú eres lo máximo) y saludo cordialmente. El oficial que en ese momento se siente con más poder que el Presidente del Consejo de Seguridad de la ONU te exige que te orilles más adelante. Uno ya sabe que lo que viene huele a navidad.

Me detuve par de metros más adelante. Saqué mi cartera, esperé por el oficial que se acercó a mi ventana con calma. Me miró de reojo y me pidió los documentos. Los junté y se los entregué. Los revisó sabiendo que todo estaba bien. Efectivamente me pidió por la planilla del seguro. Yo le contesté con sumo respecto que no sabía que había que tener esa planilla dentro del carro. Se me quedo viendo. Se retiró, fue a la patrulla, me radió y mi mente comenzó a rebobinar cada acción de mi vida buscando alguna fechoría de la cual yo hubiese sido protagonista. No encontré ninguna, pero igual dudaba de mí mismo y de mi prontuario.

El oficial regresó, me devolvió los documentos. Me preguntó: ¿Usted en qué trabaja? –Yo soy actor. -¿De novelas? – No. -respondí-, hago Stand Up Comedy. Se extraño y contestó: -¿Qué película es esa? Luego de explicarle que era un género de comedia de pie, me replicó: -Ah, ¿Como Er Conde? El oficial se veía más cercano, le había hasta cambiado el tono de su voz. -¿Dónde vives? – Cerca. Para lo que le replicó con una mirada amigable “¿Y cuándo nos tomamos unos whiskies?” Con mi cara de guebón número 15 (estilo, ¡Aquí fue!) pregunté –¿Cómo? Esa mañana me retiré de la alcabala con el número del teléfono del marido de Macu a quien le di 20 bolívares antes de seguir recibiendo más propuestas.

Mi único consejo para los oficiales es que amen de automatizar a paso de vencedores ese proceso de recolecta popular, deberían guindarse en el cuello un mecate con un cochinito (estilo salida de estacionamiento) para que todo aquel que pase contribuya a esas cajas de cervezas navideñas.