Un viaje de mil millas debe empezar con un paso. Lao Tsé

viernes, 18 de noviembre de 2011

Skypeando Cap 1 - El Lumbago www.elmostacho.com

Open House para www.erikatipoweb.com

El otro día me sorprendí al escuchar que en los colegios en los Estados Unidos tienen un día que abren las puertas para que los padres vayan a compartir con los maestros. Todos los representantes acompañan a sus crías a disfrutar de una tarde de confites, refrescos y paseos por las instalaciones de la institución. Yo no tengo muchachos, pero esta actividad desde afuera se ve como un bonito gesto del colegio hacia los niños. Todo hasta ahí está muy bien. La cosa es, que si los padres por algún motivo no pudieran asistir a este compartir escolar –sus maestros hacen saber- que los menores suelen comenzar a generar ciertos traumas que se reflejarán más adelante con la interacción con los otros niños, complejos, una vida llena de insatisfacciones y matrimonios rotos porque una tarde de verano los progenitores no se comieron unas galletas con el vástago en cuestión.

Uno entiende que los niños necesitan atención, pero en nuestros días cada mínimo error que cometan los padres primerizos es motivo suficiente para crearle un famoso trauma al cachorro que impedirá que esa niña o ese pimpollo tengan buenas faenas sexuales con su pareja en la madurez. ¡No me hagan esto! Los traumas en mi época los causaba que te encerraran en un cuarto oscuro por más de una hora.

Hoy los padres tienen que sentarse con los niños a hacer las tareas, punto por punto. En mi época la frase que alejaba a las madres de los deberes era: “ya no me acuerdo de nada”. Uno con esa sentencia sabía que lo que tocaba era investigar, llamar al amigo del colegio o, en el mejor de los casos, copiarse. Sólo recuerdo, aquellos no muy lejanos años 80, donde los padres de no se acordaban ni de dónde estudiaba uno. Nuestra generación denominada los ‘hijos del divorcio’, no caíamos en tentaciones de andar con complejos de “mi mamá no me presta atención” porque entendíamos que al tomar esa actitud nos mandarían directo al psicólogo más cercano a la familia que nos despojaba de las ‘tardes felices’ y los juegos de videos.

Los más traumados en nuestros días son los propios padres. Cada minuto en este mundo posmoderno un progenitor se pregunta: en qué estaría pensando yo cuando decidí tener este muchacho que me robó el sueño, la plata, mis hora de ocio, mi lectura matutina, mi iPad, mis ganas de hacer ejercicio y mi vida sexual. La próxima vez que planee tener un hijo, sólo piense en las tardes de Open House en los nuevos centros educativos que forman a los escuadrones del trauma futuro.