Un viaje de mil millas debe empezar con un paso. Lao Tsé

domingo, 24 de octubre de 2010

¿Asueto, yo?

Eso era antes que uno agarraba un traje de baño, un protector solar, la billetera y con eso tenía para pasarse 15 días en Margarita. Ahora no, eso todo ha cambiado mucho. Uno para agarrarse un puente tiene que hacer maromas. Primero, comenzar por inventar una muela creíble para que en el trabajo te dejen agarrar la tarde del viernes libre. Al final, lo logras. Matas a alguien en la familia y cuentas que el entierro es en Higuerote, porque esa tía tuya era muy apegada a esas costas.

Días antes tienes que tener listo el equipaje de viaje, que no es cosa sencilla. Esa maleta está compuesta de varios compartimientos. Número uno: medicinas. Te vas a la farmacia y metes en un carrito todo aquello de los que te ayuda a superar las dolencias comunes y alguna que otra medicación preventiva. No se puede confiar en la farmacia del pueblo costero porque ese mismo viernes de puente se agotan las cuatro aspirinas que tenían en el anaquel, así que hay que irse preparado.

Ahí vas metiendo, antialérgico porque siempre hay un individuo en el grupo que se le olvida que no puede comer mariscos. Antibiótico, porque el citadino en lo que sabe que salió de su comarca le da por enfermarse. Suero, para recuperar las sales de la deshidratación que produce el alcohol acompañado del vómito. Acetaminofen, porque uno no sabe si es dengue. Curitas y vendas por si la rasca te da por besar el piso. Caladril, por las insolaciones que no faltan en una salida de más de 2 días y bastante repelente, porque la plaga se alborota en época de puente.

Luego de preparar este compartimiento de equipaje, nos vamos al área de la lencería y atuendos. Usted debe llevar fundas, sábanas, toallas, pantalones, medias, franelas en cantidad, saco de dormir, cobijas para los insolados e interiores. Recordemos que en estos rublos no llega el agua, imagínese en lo que puede convertirse en días de sobrepoblación. Lleve su ropa, para cada cambio.

Como tercer punto, pero no menos importante es lo que usted va a comer y a beber por esos días. La comida se agota y para no sufrir de enormes colas, es mejor que se lleve su buen kilo de pasta para resolver. Agarre una cava y meta todo el hielo seco que pueda acompañado de las botellas que desee degustar en su playa; el alcohol se convierte en la gasolina de estos días así que evítese las grandes trancas, apertréchese de lo que guste.

Una vez que usted intrépidamente ha organizado su equipaje y se dispone a agarrar la autopista que lo desembocará en la Isla de la Fantasía, se topa con una enorme fila de carros delante del suyo, porque no es usted el único ocurrente y original que mato a un miembro de la familia para poder escapar de la Capital. Recordemos que este país es de los vivos, el que se duerme se lo suele llevar la corriente. Ese tráfico lo desemboca después de muchas horas a un paraíso tropical que lo hará compartir con una gran masa de personas.

Al día siguiente, sin que nada lo perturbe se marcha a la mar donde desea hacer comunión con la naturaleza. Busca espacio en las rocas del rompeolas entre la multitud que avasalla la arena blancuzca con olor a bronceador de coco. Una vez que supera la entrada del malecón que es como lograr salir de la estación de metro, Plaza Venezuela, sólo queda extender nuestro pequeño rectángulo de paño casero con olor a frescura de mañana y disfrutar del sol caribeño que también abraza a todos los niños de este país que deciden saltar sin pedir permiso en su rostro, bañándolo de una fragancia a mar profundo de la entrañas del agua que resbala de los diferentes trajes de baño.

En un momento dado decide evadir la realidad apabullante y busca una fría para disponerse a conversar con los panas que lo acompañaron en esa aventura de fin largo. La conversación fluyen en los espacios entre reaggetton que mantiene una cuatro por cuatro frente a su zona de descanso. Al pasar un par de horas de absoluto disfrute, una voz asustadiza dentro de su cabeza pregunta, como si no quiere la cosa: ¿Qué hago yo aquí? Inmediatamente esa voz es interrumpida por el grito de una madre que ante el nerviosismo y la multitud decide gritar a los cuatro vientos: ¡Víctor José, cuidado con lo hondo!

Buenas Pics de @MicAbierto en el marco del 2do Aniversario de @elteatrobar



domingo, 3 de octubre de 2010

Cuéntanos ¿Qué te ha pasado?

El otro día fui a sacarme la cédula y me di cuenta de un rasgo que nos caracteriza cada vez más. Los venezolanos no podemos estar más de cinco minutos al lado de una persona sin emprender no digo yo una conversación informal, sino un rosario de anécdotas, quejas y comentarios que pueden terminar en consejos, tips y hasta regaños. Eso nos identifica como país, la amabilidad y la apertura que tenemos para con los extraños. Pero, además de que somos Caribe, por qué nos pasa cada vez con más intensidad ese fenómeno de la comunicación. Para mí, eso tiene que ver con lo que estamos consumiendo en la tele. Los Talk Show acaparan las mañanas y las tardes de casi todos los canales, que nos quedan.

Este género televisivo llamado Talk Show o ‘Show para Hablar’ es sin duda una fija en el consumo de amas de casa, niños quebrantados, señores mayores y todo aquel que por cualquier causa permanezca frente a una pantalla en horario laboral. Después de un poco de estudio he clasificado estos programas en tres grandes nacionalidades. Según sea su procedencia, así mismo será su contenido. Tenemos en el primer grupo los producidos en Miami. Estos suelen venir en horarios más nocturnos pues sus temas, casi siempre, son sexuales.

Cristina Saralegui inició hace muchos años el primer programa de este género en donde entrevistaba todo aquel que necesitaba contar a sus vecinos, a los Estados Unidos y toda Latinoamérica que su tendencia sexual era extraña. El programa comenzaba con la presentación de una chica joven que venía a hacer una especie de denuncia donde exponía que su vecina estaba casada con un hombre de dudosa reputación. El personaje que lleva la denuncia nunca habla de sus cosas personales, siempre habla de un tercero y pareciera que conociera más la vida íntima de su vecino que la propia.

Ese acento cubano fue calando en los hogares latinos y Cristina se volvió la reina del Talk Show hispano. Una suerte de Oprah Winfrey que le gustaba desnudar sin vergüenza las pasiones y secretos ocultos entre dos hombres “compadres” o entre compañeros laborales. Entre denuncia y denuncia siempre había su llanto, su confesión inesperada y hasta su video de cámara escondida donde una madre le decía a su hijo que su padre era la tía Rebeca.

Más entrados los 90’s aparece en nuestras pantallas La Señorita Laura. Una periodista peruana que conducía un programa llamado: Laura en América. Siempre pensé que debió llamarse Laura en Perú, no tenía porque meternos a todos en su despelote. Este show concertaba parejas. Los panelistas llegaban en par y a los 10 minutos del programa había toda una red de personas con quienes se habían acostado unos con los otros. Cómico para uno era oír los motes que se ponían las parejas: papucho, terroncito, miel de abeja, lomito, entre otros tesoros del sobrenombre peruano.

La Señorita Laura se aburría cuando el grupo sexual no propiciaba una pelea con su buena jalada de pelos, caídas y cachetes rojos. Ella, junto con el público, azuzaban a las mujeres con frases como “mi amor, tú no te mereces que te traten así. Ese papucho tuyo es un descarado” y si la mujer no respondía al ataque de la rubia peruana la producción hacia uso de su última carta: “Que pase la amante”. Era ahí cuando sin importar que se le viera hasta el alma, las cholitas se apoderaban de las cabelleras de sus conyugues para demostrarle a ellos y a la audiencia quienes tenían los pantalones en la casa.

Mucho después y gracias al cable nos llegaron los españoles con sus conflictos. Comparados con los de Miami o Perú los de las Península Ibérica son absolutamente aburridos e irrelevantes. La dinámica para los castizos se basa en narrar historias que le viene poniendo los nervios de punta a los españoles en estos días: “mi hija se ha juntado con uno de allí (los de allí somos nosotros) y ahora me ha venido con que va a tener un niño”. La moderadora, intentando ponerle picante al asunto, interpela a la señora mayor, que seguramente no tiene nada que hacer en su casa, diciéndole: “usted me está hablando de un problema de racismo”. –De racismo nada, nosotros le hemos dado todas las oportunidades a los de ‘allí’ para que hagan su vida aquí, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. ¡Que se nos llevan a las niñas!

Este género no es único de otros países. Nosotros también hemos sacado alguno que otro programa tratando de llenar espacios en la mañana. En el Canal de la Colina hay un show que comenzó llamándose Mujeres con Historias. Luego, producción se dio cuenta que se le acababan las historias de mujeres y le añadieron …de Hombres También. Imagino que al término del esta temporada aparecerán: Mujeres con Historias, Hombres También y Animales a Veces. Después de estas confesiones televisivas es difícil no caer en la tentación de contarnos todo a todos. Por eso, es que cuando uno va a la panadería desde la puerta hasta la caja se puede oír aproximadamente unas 3 historias con sus buenos puntos picantes y mentadas de madre incluidas. La próxima vez que un extraño le intente contar algo y no encuentre la manera de empezar, sólo dígale: ¿Qué te ha pasado?

This is it

Este no solamente es el nombre de la película que recoge los ensayos de Michael Jackson para la cincuentena de presentaciones que ofrecería en Londres, llamados de la misma manera. This is it, que en Venezuela fue traducida como “Esto es Todo”( y que realmente quiere decir: ¡Esto es!, o ¡Aquí fue!) es lo que todo el mundo gritó en el planeta tierra cuando nos enteramos de que nos habían arrebatado a Miguelito. ¡Nuestro Miguelito de toda la vida!

Esa misma semana pasó de todo. Se nos fue Farrah Fawcett quien venía luchando con un cáncer, nos arrancan a Miguelito de un tirón y tumban el gobierno de Honduras. Ahora no es como antes, cuando uno estaba chiquito que tu papá o el abuelo te mandaba a callar cuando entraba la fanfarria del noticiero. Todo el mundo sabía que había pasado algo extraordinario digno de prestar atención. En la actualidad las cosas pasan con una velocidad tal, que a la pequeña porción de cerebro que utilizamos les cuesta captarlas.

Y ese es justamente el trabajo que tiene un comediante. Poder sacar del montón esas pequeñas cosas que se le escapan a la mayoría. Hay que tener el ojo clínico para que no se escurran esos detalles extraños que casi todo el mundo deja pasar por debajo de la mesa.

En la Universidad yo tenía un profesor que lo único que nos enseñó –durante todo un semestre– fue que la “publicidad” era como el chiste de “coño, un Tigre”. Este profesor nos contaba una y otra vez que iban tres hombres por una selva muy tupida y en un momento dado se separaban. Uno de ellos se encontraba un tigre y, con el susto en el cuerpo, comenzaba a describir al animal: “veo a un felino, de garras largas, pintas bicolores, manchas blancas y de ojos gatunos”. Por supuesto, el tigre se lo comía por andar perdiendo el tiempo en descripciones en vez de correr. El segundo hombre también se topó con el felino, e hizo exactamente lo mismo: comenzó describir al tigre a ver si alguien lo rescataba. El animal simplemente se le abalanzó. El tercero, quien también se consiguió con el tigre, sólo exclamó: “¡Coño, un tigre!”. Y enseguida echó a correr.

Es un chiste simplista sólo para reconocer que la publicidad tiene que ser concisa y rápida. A mí me cayó la locha de este chiste, entendí su significado, cuando oí al hombre que trabajaba para Michael Jackson llamando al 911. ¿Recuerdan la llamada? – “Buenas señor, necesitamos una ambulancia lo antes posible”-. Luego da la dirección de la casa, mientras al otro lado del teléfono corroboran la dirección. El empleado continúa diciendo que necesitan una ambulancia porque tienen a alguien que no está respirando y que está inconsciente. Luego comienza a conversar con el doctor que estaba a su lado, y remata con una descripción del sujeto que está moribundo: “Un señor de 50 años, que está pálido, le veo que tiene como catarro. No sé, yo lo vengo viendo como mal. Pobrecito, es que está flaquito”.

Ahí es donde uno dice “coño, un tigre”. Por eso fue que se murió. ¿Cómo se va a poner ese señor a estar describiendo a Michael Jackson? Él lo único que tenía que hacer era agarrar ese teléfono y decir: “Michael está jodido”. Con eso la gente del 911 vuela para esa casa porque ellos rastrean las llamadas. Es más, con sólo decirle a la gente del rescate: “¡Señores, MJ, This is it!” hoy nuestro Miguelito, quizá, lo estuviera contando.

Una Presencia

Está comprobado que una de las características más resaltantes del venezolano es que es capaz de sacarle conversación hasta a las piedras. Al criollo le gusta contar sus miserias en una cola, en un autobús, en el mercado, pero si es en televisión nacional abierta, mejor. Por ejemplo, nada como las reacciones ante las adversidades naturales para comprobar la efusividad verbal de nuestro pueblo. La gente en Venezuela anda nerviosa. Yo la veo tensa, pensativa y un tanto precavida. Pero no por la situación de inseguridad en el país, no. La masa está asustada porque en los últimos meses ha temblado y de qué manera.

No estamos nosotros acostumbrados, como en otros países, a semejantes movimientos. Aquí tenía décadas sin temblar y eso ha producido estupor en la población. Es más, uno va a un cine y se da cuenta que hay personas que están calculando su manera de salir del recinto sin quedar atrapados por la muchedumbre. Gente que calcula: “Esta gorda no va a poder salir fácil de ese asiento, yo brinco estas cuatro butacas y escapo en el menor tiempo”. Todos alguna vez lo hemos pensado, la verdad sea dicha.

El asunto es que los venezolanos contamos de una manera natural nuestros más ocultos deseos, anhelos y pesadillas en público. Si bien desastres ocurren en todas partes del mundo, nunca los espectadores o testigos de una conmoción natural narran la historia como nosotros logramos narrar las nuestras.

Si mañana en Holanda se desprende un deslave, cuando las cámaras de televisión registren el desastre y luego se den a la tarea de interrogar a los sobrevivientes, ellos sin mucho detalle explicarán qué fue lo que vieron. Una narración casi literal de lo ocurrido. Nosotros jamás.

Aquella madrugada que nos despertó ese temblor de una intensidad de al menos cuatro puntos, en la escala esa dificilísima de escribir, el gentilicio se nos subió a la cabeza y con las mismas bajamos peluche en mano, cobija, interiores y demás lencería hogareña para que el mundo se enterara de que un temblor nos sacó de la cama desprevenidos. Y llegaron las cámaras de los principales canales noticiosos del país a registrar las impresiones del pueblo que se encontraba en las afueras de sus residencias.

-Estamos aquí en la zona de Altamira para verificar que, en efecto y de manera contundente, la gente está en las puertas de sus edificios. Aquí nos encontramos a esta señora. Disculpe ¿cómo recibió usted el temblor en su casa?: “Yo no estaba durmiendo. Yo estaba lavando los corotos. Porque a mí me gusta lavar la loza a altas horas, sin perturbaciones, ni teléfonos, ni nietos jugando. Estaba viendo la novela, que mi hija me la graba para verla tranquila mientras voy lavando los trastos. En eso… ¡Ay!, yo sentí como que si alguien me agarraba por la espalda. Abrí la puerta y eché a correr”.

Ante un testimonio como este uno queda sin palabras. La reportera sigue en su búsqueda de más impresiones vecinales y se encuentra con otra señora que está enyesada, recostada solita en el muro como quien espera el autobús de la zona. Señora ¿cómo usted logró desalojar su edificio en su estado? “¿Yo? Con paz. Yo busqué mi paz interior y baje poco a poco” ¿Cuál es su mensaje a la ciudadanía en este momento aciago que estamos viviendo? “Que busquen su paz interna, que la encuentren y después que bajen”.

¿Qué tipo de mensaje es ese? se pregunta uno, el televidente ¿Eso qué quiere decir? ¿Que el que se levantó batiendo la chola y diciendo: ‘esto es lo último que nos faltaba’ se queda? Ese no baja, porque en paz no está. El testimonio que más me impresionó esa madrugada no fue televisado. Pero no por eso pierde importancia. Para nada. Porque hay miserias que no llegan a ser narradas en TV pero son las mejores. Tengo una amiga que vive justo frente a la Plaza Altamira, en un edificio de más de 30 años. Después del sacudón y del autorreconocimiento uno comienza a llamar a sus seres queridos y sobre todo, a aquellos que viven en mayor situación de riesgo. Este era el caso.

Negra, ¿estás bien? “Lo que me ha pasado, George. ¡Que susto! La cama me llegó a la puerta del closet, las ventanas se me abrieron de par en par. Yo me levanté fuera de mí y comencé a llamarla: ¿Abuela, estás allí? Abuela, no te quedes con nosotros. ¡Abuela, busca la luz! Ay, Dios mío una presencia”.

–Negra, tembló.

-¿Cuándo?

-Cuando viste la presencia.

La Virginidad es lo que se está llevando

Bien sabemos que el mercado es capaz de vender hasta el alma si se pudiera empaquetar. El target preferido para lanzar un producto masivo son, en primera instancia, las chicas. Todo empieza por ahí: se le meten a las féminas por los ojos y luego terminan los hombres comprando medias para pasear a los perros en las aceras. Hoy veo con asombro que, después de que le han vendido a la mujer que su sexualidad tiene que ser explorada, usada y recontraprobada antes del matrimonio, el mercado regresa con idea de que la virginidad sí es un valor.

La venta de este rencauchado “valor” regresó con el film Twilight. Stephanie Meyer es la nueva reina de novelas para adolescentes. Ya que Harry Potter sólo llevó a la población juvenil a querer ser magos, rajarse la frente y comprarse una bata azul, la Meyer se apoderó del mercado para vender, más que una novela de vampiros, una historia donde los jóvenes chupa sangre se guardan con el objeto de salvar la virginidad. No sé yo si se esté logrando el cometido.

El año pasado me invitaron a presentar el estreno de Twilight. Una vez en la sala, junto a cientos de niños con las hormonas descolocadas, me sorprendí con la reacción de los asistentes al ver aparecer los personajes en la pantalla. Cada frase, cada movimiento, cada suspiro de los actores hacía sobrevolar en la sala un aluvión de ferormonas empañado por el olor a cotufas y refresco que caracteriza una sala de cine. Y no es para menos. En esta historia hace frío, la gente está aburrida porque en ese pueblo no pasa nada, la protagonista no encuentra amigos porque la mayoría de los varones gringos a esa edad son como retrasados y de repente salen un grupete de gente perfecta que no come carbohidratos, tiene estilo y pinta de rockeros.

¿Usted que haría en ese caso? Piense en las tareas de aritmética o en treparse por los cuerpos de esta gente que además vuela, ve de noche y tiene los sentidos agudos. La propuesta de la escritora es que no se toquen, que no se miren y que si sienten muchas ganas se lancen a un acantilado para que agarren su buen baño de agua fría. Otro de los impulsores de este fenómeno de recogimiento sexual son los Hermanos Jonas que cantan, se tocan en los conciertos y salen semidesnudos en los videos pero ni piensan en eso. Parece que usan unos cinturones de castidad para demostrarle a sus fans que no han pasado a ser hombres, sino que siguen siendo señoritos.

El asunto con estos productos es que carecen de contenido y sustancia. Es simplemente no pensar en el sexo porque a una sarta de vampiros no les da la gana. Sin más ni más le dicen a los jóvenes del planeta que salgan del cine, se queden quietos y se remojen con agua fría en caso de emergencia. Luego de que las niñas de hoy están buscando el plátano más bonito de la cosecha ¿Les van a decir que no, que eso es malo porque sí? ¿Y qué pasó con todo el esfuerzo masivo que han hecho para que la mujer salga de su casa y se libere sexualmente? ¿Ya no vende o hay que cambiar la táctica con las niñas de la actualidad?

A finales de los 80s Cindy Lauper nos decía: “Las chicas sólo quieren divertirse” y eso nos quedó claro en un video en el que había una banda de mujeres que salían a buscar lo que no se les había perdido. En los 90s se instauró el juego de palabras: “no se case sin velo”, con lo cual le estaban dando luz verde a las damas para vivir con sus parejas antes de cometer cualquier locura. A principio de esta década hasta le dieron voz a la vagina con un monólogo que le informaba a la audiencia que ella quería ser vista y reconocida ante todos. Sin contar con la serie mundialmente conocida Sex & The City, donde se demostraba que una ciudad como Nueva York le quedaba pequeña a 4 mujeres. Hoy, después que las mujeres han aprendido a disfrutar más que los hombres de su soltería vienen con el cuento de que la virginidad es más chévere ¿Por qué? No sabemos, pero ahora es más cool, se vende bien, viene a color y tres diversos aromas en su primera edición.

Esta campaña de control de natalidad no la pillo. No entiendo claramente cuál es el mensaje de la señora Meyer. La niña sufre terriblemente por un chico que no la puede besar porque se la come, otro chico también la persigue pero sin camisa por todo el pueblo y tampoco lo puede tocar porque se pone como un lobo. No lo capto ¿Será que lo que le están recomendado a las infantes es que cuando no hay pan buenas son las tortas? ¿Que cuando no hay compañero, buenos son los juguetes? Ah, quizá es que ahora van a sacar el merchandise de muñecos alegóricos. Uno de mal pensado.

Liderazgo Intuitivo

César Millán es un entrenador de perros que se ha vuelto muy famoso porque pudo “bajarle dos” a los canes de la súper estrella mediática Oprah Winfrey.

César tiene un programa de Tv por cable y sacó un libro que se llama “El Encantador de Perros”, que ahora está en manos de todos aquellos que se quieren volver buenos padres de sus malcriados animales.

Una frase que he oído últimamente es: “me quiero convertir en el líder de la manada”. A lo que uno responde: yo no veo ninguna manada, te veo a ti y a tu perro.

La verdad yo soy más clásico con esas cosas. Para mí los perros que sean perros, que los gatos se trepen en los árboles y que dejen a los animales en paz. Me gusta la espontaneidad de cada animal, que ellos creen su propia personalidad. Si algo quiero rescatar de todo este bum perruno es una frase.

El otro día estaba en una cena y me comentaban que en el libro hay un pasaje en donde el autor asevera que el único ser que sigue a un líder enfermo es el ser humano. Eso, obviamente, retumbó en mi cabeza.

La chica que comentaba eso decía, que los perros sabían inmediatamente quien era el líder de una casa, quien era el jefe de su manada y a quien debían respetar. La falta de liderazgo de su dueño procura la malcriadez, la desobediencia y la rabia descontrolada. A mí la cabeza se me fue a la película La Marcha de los Pingüinos, documental que me causó gran impresión y admiración por lo acucioso y esforzado de rodar en condiciones extremas.

Este film narra un gran viaje que emprenden los Pingüinos Emperadores desde el mar hacia una explanada del polo norte donde se efectúa el nacimiento de las crías.

Los pingüinos, como la mayoría de los animales, son unos seres de una inteligencia inusitada y poseen gran disciplina. Tienen un gran sentido social y es admirable la compenetración que existe entre el macho y la hembra para con la cría. Definitivamente, mientras más adversas son las condiciones climáticas los animales responden ante esto con gran sentido de supervivencia.

Los Emperadores demuestran que la unión los protege de peligros externos y les garantiza el bien común. El asunto en cuestión es que el liderazgo dentro de esa comunidad es vital y eso fue lo que más me llamo la atención entre lo que menciona Millán en su libro.

Los Emperadores deciden emprender el viaje un día en cierta temporada. Uno de ellos va adelante guiando la manada. La caminata es larga, no vayan a creer que eso es un paseo. No, la camina puede durar días. Y allí van todos, juntos. Me los imagino conversando en su idioma pinguinístico, echando cuentos varios, distrayéndose con las historias y hasta criticando a algún vecino.

De pronto, el “líder” se pierde. Recordemos que el polo norte es muy cambiante a nivel geográfico a consecuencia de los temporales. Donde había una loma, ya no la hay. Donde existía una planicie ahora hay montículos. Así que es normal que el líder del momento se pierda y se desubique.

En ese minuto, otro pingüino sale de la manada y dice: “Yo sí sé para donde es, síganme”. Y todos siguen al nuevo líder. Y lo hacen sin primarias, sin CNE, sin alzar la voz, ni dividir la manada. Ahí no hay batuqueo. El tipo que dijo que sabía arranca adelante y todos los demás lo siguen. Los pingüinos siguen conversando como si nada. Hasta que vuelve a pasar lo mismo. El segundo líder se pierde. No pasa nada, sale otro en volandas y dice: “Amigos, por aquí”, y continúa el viaje hasta llegar al lugar indicado que todos saben cual es. Y, ¿cómo saben ellos cuál es el lugar? Porque ellos ya han estado allí, cada uno de ellos esperó el nacimiento de su cría, esperó a su pareja o nació allí.

Es esa la razón por la cual cualquiera de la manada puede ser el guía. Todos los pingüinos saben a donde van. Conocen el lugar y saben a lo que van. A ellos nadie los engaña, ni los confunde. Ellos no se les pude llevar al Sambil diciéndole que van para La Gran Sabana. No, porque ellos poseen una sabiduría que no les permite llamar a engaños. Ese es el verdadero liderazgo de una manada: saber a dónde se va y por qué.

Hoy hagamos consciencia de lo que deseamos individualmente y en común. Visualicemos nuestras metas. Ya estamos en el viaje, lo que nos falta es la guía para culminar en el lugar que deseamos estar. Lo sabio es visualizar ese estadio como si ya lo tuviésemos, ya hemos estado allí.

En el 2012 tenemos una cita

Hoy recuerdo con ternura de peluche viejo los últimos días del año 1999. Entrábamos al siglo XXI y no teníamos idea si las computadoras se volverías locas con eso de cambiar el número 1 por el dígito 2. Ese fenómeno que acaparó todos los medios y la atención del planeta se denominó Y2K. El pánico era colectivo, la banca mundial tenía literalmente el culo en dos manos con sólo pensar que el sistema computalizado decidiera bloquear los dineros públicos. Recibimos el año de foto: unos abrazaban a sus familiares y otros a sus PC’s que por obra y gracia del Espíritu de la Navidad todos resultó bien y las computadoras decidieron cambiar solitas de 1999 a 2000 ¡Qué grande! Hoy me pregunto, ¿Alguien se lucraría de eso? Quien inventó semejante locura se aprovecharía del famoso Y2K para ganarse sus churupos. Porque donde hay rumor, chisme, invento y cuanta piedra río traiga hay quien se está beneficiando. A mí no me vengan con cuentos de camino. Hoy nos enfrentamos con otro monstruo temeroso mayor que Y2K. Hoy nos enfrentamos al “2012”. ¡San Dios, ampáranos! Sólo nombrarlo me produce repeluz, dentera, repugnancia y escalofrío tipo El Exorcista.

A la población se le viene alimentando el miedo hace al menos un par de años. Hoy ya es un furor tipo moda del verano. Tenemos series, programas de TV, documentales, películas de Hollywood y cuanto material POP se ha querido invertir en decirle a la gente que el 21 de diciembre del 2012 se acabará el mundo. ¿Cómo será el fin? Aún no se ha definido. Discovery Channel tiene varias propuestas, NatGeo enumera otras y Hollywood la más irreversible: una ola. Una marejada enorme que abrazará calles, centros comerciales, automercados, casas de gobiernos, islas, villas, pueblos, ciudades y hasta rascacielos. En esta película no funciona eso de: “o corres o te encaramas”, porque no habrá donde correr, ni encaramarse.

Yo al ver semejante panorama hostil me dije: busca la raíz. Busqué en todos lados y encontré el meollo del asunto. Todo comenzó porque los Mayas, civilización ancestral del norte del América específicamente donde hoy se ubica México, dejaron unas escrituras. La verdad, dejaron de todo: Rocas pintadas, pirámides, canchas para juegos, vajillas y hasta la cubertería completa. Esa gente se fue como los maridos millonarios, dejándolo todo. Entre sus muchas pertenencias olvidaron un calendario donde se ubica la catástrofe. El Calendario Maya fue escrito hasta el 21 de diciembre del 2012.

Después de ahí, no escribieron más. Llegaron los arqueólogos, investigadores y todos los Productores Nacionales Independientes del Discovery Channel y dieron la conclusión: los Mayas dicen que hasta ese día es que llega la vida en el planeta. Ahí es donde uno, humildemente, le responde a esa gente: no tienes más sencillo. Es decir, si los Mayas dejaron de escribir hasta ese día es porque el mundo se va a acabar. ¿Es que no se puede pensar otra cosa? También se podría pensar, digo yo, que se les acabó la tiza en un momento dado, que cuando estaban por el 21 de diciembre les cayo un palo de agua y salieron corriendo.

Mi conclusión es que cuando los Mayas vieron que sus astrónomos habían calculado el Calendario hasta el 2012, el Sacerdote dijo: dejen eso así. “¿Ustedes saben lo que nos falta hasta llegar hasta el siglo XXI? Muchas lunas, soles, plagas, deslaves, cosechas, incendios y cuanto cambio solar no está escrito hasta que nuestros ojos puedan ver el 2000. Dejen eso así, hasta ahí está bueno”. Ah, no. Pero como no nos es suficiente con lo que tenemos como planeta en el presente, nos ponemos creativos y decidimos que el mundo se acabaría en el 2012. Basta de inventos.

La gente humilde de corazón anda creyendo cuanta historia inventan y después hay casos de casos. El otro día me contaron un par de amigos que un tío de uno de ellos, ya fallecido, en una época usaba como chaqueta un salvavidas. Por aquellos días se decía que una gran ola devastaría Caracas. Una enorme ola salada provendría del Caribe y sobrepasaría el Ávila haciendo estragos en nuestra capital. Este señor usaba su salvavidas en caso que lo agarrara desprevenido en la calle la fulana “ola”. Eso se llama jugar con los sentimientos ajenos.

Uno que intenta alejarse de los pocos canales noticiosos que nos quedan para no entrar en cólera y alejarnos de la realidad viendo canales internacionales; ahora se les ha dado por tener una programación exclusiva y reiterativa de como ven los científicos el fin del planeta. No vale, me pueden decir donde están vendiendo la serie completa de Heidi o La Pequeña Maravilla para ver algo divertido en las noches. Yo por mi parte, cito a mis amigos para que nos reunamos ese 21 de diciembre vísperas de la llegada del Espíritu de la Navidad. Cada quien que traiga algo, la fiesta es en mi casa y si de verdad viene el lobo que nos agarre celebrando, como de costumbre.

Pare de Comprar

Todos en algún momento nos hemos topado, mientras calentamos el control remoto, con una nueva raza de comerciales; los infomerciales. Estamos en medio de una muy buena película por cable y sin previo aviso irrumpe un señora para informarnos que según las últimas evaluaciones, de una universidad lejana, la manera con que se venía cocinando es la forma más rápida de contraer las peores enfermedades. Al principio uno, como buen feligrés cristiano, decide darle el beneficio de la duda a la señora en cuestión quien demostrará en media hora la “nueva forma de cocinar”. Eso sí, al rato, uno se pregunta ¿Y la película?

Lo que pudo ser un anuncio de unos 45 segundos se convierte en un programa en sí mismo. Un largo y nutrido segmento que pasa por tener varios animadores, casos reales en estudio que certificarán la calidad del nuevo producto y hasta un público que se asombrará de las maravillas que ofrece este nuevo artilugio culinario. Pueden haber desde aplausos rabiosos, llantos compungidos y risas colectivas al mejor estilo del show de Oprah. La gente entra al programa sin metas en la vida y a su salida con el ‘coroto’ en las manos aseveran haber recobrado las ganas de vivir.

Debo confesar que los he visto. Sí, he sido de aquellos que me he dejado llevar por el fragor de las palabras envolventes de los conductores que utilizan adjetivos edulcorantes y frases conmovedoras. Casos como: “Por fin llego a su vida (por obra y gracia del Señor en Las Alturas) el magnífico, refinado y útil Rainbow Power”. Los nombres que se utilizan para estos aparatos siempre están mezclados con palabras como: Mega, Power, Super, Ultra, Energy, Magic entre otras. Lo cual garantiza que usted está adquiriendo no cualquier producto, no. Usted será testigo de “El No Va Más Plus Ultra” con lo cual se convertirá en la envidia del país.

Es conmovedor el tratamiento que le dan a los ejemplos de lo que puede ser una persona “antes” y “después” de usar el producto. Yo he catalogado a sus personajes en dos grandes renglones: Gordos Inútiles y Flacos con Problemas Motores. La legión de los Gordos Inútiles son aquellos que se presentan en una pantalla en blanco y negro con una dramatización de lo que supuestamente es la vida de estos sujetos caracterizada por la torpeza, falta de estabilidad (porque siempre se tropiezan), soledad y depresión. Luego les habla una voz en off (como del más allá) para hacerle la siguiente pregunta: ¿Usted se ha notado fuera de forma, cansado y abrumado por la vida? Para lo cual el modelo se agarra la panza como si fuera la primera vez que éste notara su estado físico y asiente ante el interrogatorio.

Inmediatamente, pasan a presentarle la solución: un aparato Ultra Mega Magic Fixness Two que revolucionará su cuerpo, mente y alma. Las imágenes a continuación son envidiables. Mujeres y hombres felices montados en sus Super Máquinas esculpiendo un cuerpo más que perfecto, sin una gota de sudor, unas mayas combinadas y una vida a color que demuestra que siempre un buen cuerpo puede darte la felicidad anhelada. Uno de los puntos positivos de estos super adelantados artefactos es que no importa cuan grande o voluminosos se vean estos tienen la ventaja que se pliegan y se convierten en un modelo compacto para ir justo debajo de la cama, detrás de la puerta de la habitación o en la maleta del carro por si decide ir a Margarita en Semana Santa acompañado de su Ultra Magic.

El segundo grupo de personas que catalogo como Flacos con Problemas Motores son los modelos que utilizan para lanzar al mercado todo aquello que no necesitemos en realidad. Un bombillo portátil, una lima para pesuñas de perro, una manguera para levantar la mugue del asfalto, un asistente de cocina que cuece rápido pero también quema las propiedades de los alimentos, un extractor de jugos que exprime hasta las piedras, unas cuñas levanta talones para hombres que suspenderán al caballero 7 centímetros más arriba de lo que es (sin importar la columna). Últimamente lanzaron unos aparatos para magnificar el sonido con la excusa de poder oír conversaciones ajenas.

El Flaco con Problemas Motores es presentado en la misma pantalla blanco y negro para describir una vida paupérrima. Una vida a oscuras en donde la gente no suele conocer su casa y cuando se levanta en la mañana se lleva todo por delante causando estragos a su paso. Una vida sucia, impura y con falta de agua y jabón para limpiar la acera del frente o el patio de la casa. Una existencia comiendo los alimentos crudos, con exceso de grasa, sin condimentos o simplemente envenenado a todos los miembros de la familia. Gente con grandes complejos de altura, de peso, de cara, de pelo, de uñas y hasta de postura. Un negocio redondo.

Lo peor del caso es que la mayoría de nuestras casas están llenas de esos aparatos que prometieron cambiarnos la vida. Hoy muchos de los Ultra Magic no están precisamente bajo las camas sino como percheros en habitaciones, engruesan los trastes en algún rincón del hogar, funcionan como mesas, sentaderos o ya se han regalado junto con la promesa que le harán bien a otro. Si se puede ‘parar de sufrir’ porque nos negocian la fe imaginemos por un momento cómo nos pueden negociar el autoestima. Creo que la mejor manera de subirnos el cariño propio sin falsas promesas pasa primero por no dejarnos timar con cosas que no necesitamos.

En mis tiempos…

Esa frase se me viene a la mente cuando pienso en la cantidad de cuero que le dieron a uno en la niñez y pubertad. Hoy, ni pensar en ese tipo de educación cavernícola. La gente ve esos actos como retrógrados, inhumanos y van en detrimento del desarrollo de los infantes. Coloquialmente se le dice a los adultos, no hagas eso con el niño que lo “traumatizas”.

El otro día me encontraba en una parrilla familiar cuando una niña se acercó a los adultos y preguntó a viva voz: ¿Ya comieron? Todos de una manera u otra respondieron según hubiese sido el caso. Ella replicó de una manera categórica: No coman más, que ahora viene la fuente de chocolate.

Dicho esto, la niña desapareció hacia la cocina y regresó a los cinco minutos con un tambor que contenía un chocolate humeante. De inmediato, varias personas se levantaron de sus sillas y ayudaron a la pequeña a instalar el aparato en una mesa para luego poder enchufarlo. Aquello comenzó a andar como una fuente de centro comercial, a derrochar chocolate ante todos los presentes. Inmediatamente, otros integrantes de la familia trajeron bandejas de tropezones de mango, fresa y marshmallows.

A todas estas la niña nunca se separó del proceso de instalación y colocación de la fuente. Ella se dedicó a comer trozos de fresas, mango y cualquier otra cosa que le pudiera rociar chocolate líquido. Allí estuvo como 20 minutos sin pestañar, hasta que su padre al verla perdida entre tanto dulce le gritó ante todos los comensales: ¿Hasta cuándo vas a seguir comiendo chocolate? A lo que ella con sus 5 años bien puestos contestó con ímpetu, “hasta que me desmaye”.

Yo no pude con tanto y casi aplaudo. La respuesta me pareció irrefutable. El padre no halló que decirle y siguió comiendo su carne. Nadie pudo impedirle el hecho de que ella sabía que en un momento dado se desmayaría de tanta azúcar en el cuerpo. Luego de ese momento me quedé pensando en lo que hubiese hecho mi mamá si yo me hubiera atrevido a responderle de aquella manera magistral. -Voy a comer chocolate hasta que me desmaye. Creo que no hubiese terminado la frase del zarpazo.

Hoy es un sacrilegio darle un buen tirón de orejas a un muchacho. El niño puede estar bajando las ventanas del edificio a pedradas y lo más que se atina a preguntarle es: ¿Mi amor tú estás buscando las palabras dentro de ti para decirnos algo? Ideas innovadoras en la educación de los menores dicen que los niños “necesitan expresar los que sienten por dentro”, en mis tiempo con dibujar en un folio una familia en donde faltaba uno de los miembros teníamos. Hoy se le permite al infante hasta volar un carro bomba frente al colegio para que el vástago se exprese.

Hoy se oye mucho: El niño quiere decirnos algo y no encuentra cómo. En mis tiempos: El que no llora, no mama. Ahora, la tónica es: Cuidado porque el niño se traumatiza. ¿Se traumatiza? A mí esa parte no me queda clara. Después que a uno casi le rompen “la crisma” con cuanto objeto contundente se arrojó sobre nuestros cuerpos en movimiento me van a decir que un correazo traumatiza a alguien. Será que los niños “índigos” vienen flojitos de fábrica porque a uno le corrigieron hasta la forma de mirar a los adultos con porrazos. Dígame responderle a un adulto, cualquiera que este fuera dentro del núcleo familiar, eso era igual a cometer un delito.

Sin duda alguna, uno era un muchacho tremendo, “inquieto” le decían en esa época. Mi mamá siempre decía ante cualquier cosa que yo hiciera: Yo había visto, pero como tú nunca. Claro, yo soy su único hijo. Eso era otro tema en mis tiempos que ahora ha cambiado mucho. Lo que decían los padres de la década de los 80’s por esa boca era para escribir el guión de Martes 13 y eso si iba a dar miedo del bueno. En una oportunidad oí reír a mi madre cuando contaba como –cosa de ella- que una amiga amenazaba a su hijo señalando la parte alta de un edificio: “¿Tú estás viendo ese edificio que está allá?, allá te va a llegar la cabeza después del carajaso que te voy a meter si sigues echando vaina”. Así de simple se resolvía una mala conducta en aquella época.

Ahora, cuando un niño se porta mal lo mandan directo al psicólogo. El cual, para sacarse al niño poseso de encima le diagnostica “Síndrome de Atención Dispersa”, lo que se traduce en hiperactividad e impulsividad. Las madres tan contentas con tal diagnóstico, andan con el niño con rabia por los centros comerciales, en las piñatas y en cuanta reunión tienen y la gran explicación de todo lo malo que hace el querubín es porque tiene mucha energía que no sabe como canalizarla. Pobrecito, el bebe está quemando la casa pero es que él es así, muy ansioso.

Definitivamente, en mis tiempos no se daban esos síndromes. Nosotros, mi generación, es la prueba fehaciente de que el ser humano es más fuerte que el salitre. Hoy los padres no saben como detener el ímpetu de sus adorables criaturas, en mis tiempos frases sueltas lograban aquietar cualquier melodrama, “usted está buscando lo que no se le ha perdido”. Sabias palabras de mamá. Ahora, pruébalas con un ejemplar contemporáneo que seguro responde con picardía: eso era en tus tiempos.